Desde Sudáfrica: Sin Brasil, Uruguay Ghana
En el segundo día de su Sueño Mundialista, el enviado especial de Jugala.com compartió el partido de los uruguayos con los africanos y vivió la caída de Brasil con Holanda. La fiesta recién comienza…
La tarde en Ciudad del Cabo era rara. Salimos a caminar hasta el centro de la ciudad y una de cada dos personas con camiseta de fútbol tenían la de Brasil. La pasión que despierta el equipo de Dunga es notoria y nadie se quería perder el partido frente a Holanda.
De vuelta del centro y por la zona de Water Front, nos dimos cuenta que no había ni un lugar para ver el primer partido cuarto de final de la Copa del Mundo. Las pantallas gigantes, la Fan Zone, los bares, los restaurantes…todos los lugares estaban repletos de camisetas verdeamarellas y no nos permitían poder ver el match de manera cómoda.
Hinchas Holandeses tras la victoria con Brasil
Decidimos ir al hotel que está a dos cuadras del epicentro de la pasión mundialista y nos quedamos viendo el partido en nuestra habitación. Apenas terminó el match, salimos a los bares y algo fuerte había cambiado. Faltaba la alegría brasileña y todo su color, quedaba en el camino un grupo de hinchas que en todas las competencias del mundo demuestra que su país vive estos encuentros como una verdadera fiesta.
“Show must go on” se le ocurrió gritar a alguno que, sin ser brasilero, tenía pegada al pecho la camiseta de Bebeto y así todo volvió a empezar. Los bares que parecían vacios no tardaron en llenarse y enseguida se hizo difícil conseguir lugar para tomar alguna cerveza y preparase para el partido de Ghana con Uruguay.
Alemán y Sudafricano comparten el partido de Uruguay
Claramente aquí el favorito era el equipo africano y todos los hinchas locales llegaban vestidos con los colores de Ghana y las banderas con la estrella en el centro. Fue emocionante escuchar los gritos, sentir la pasión, ver algún holandés cantando hasta romperse la garganta y observar como el fútbol hace un paréntesis en el tiempo para que los humanos se unan, griten, se abracen y pasen un buen rato.
La definición por penales coartó el proyecto africano y lo que parecía un día de luto nacional se transformó a los cinco minutos de terminado el encuentro en un nuevo viernes de fiesta donde el fútbol quedó en un segundo plano y lo único importante era compartir experiencias con gente de todo el planeta.
Esta mañana amaneció distinta, en un par de horas juega Argentina y los colores celeste y blanco son los dueños de las sillas del desayunador del hotel. Sin dudas, es el momento más esperado por todos. Independientemente del resultado, el mundial seguirá siendo una fiesta.
Alex Caniza
Enviado Especial en Sudáfrica








